Geometría de lo inaprensible - El retrato de Jennie (William Dieterle, 1948)

Hay películas que cuentan una historia de amor.

Y hay películas que intentan comprender qué ocurre cuando el amor se enfrenta al tiempo.

El retrato de Jennie pertenece a esta segunda categoría.

Estrenada en 1948 y dirigida por William Dieterle, la película ocupa un lugar singular dentro del cine clásico americano. A medio camino entre el melodrama romántico, el relato fantástico y la reflexión filosófica, construye una de las representaciones más poéticas de la memoria y de la pérdida que ha dado el cine.

La historia parece sencilla.

Un pintor conoce a una joven llamada Jennie.

La encuentra una y otra vez.

Pero cada encuentro contiene una anomalía.

Jennie cambia.

Crece.

Aparece y desaparece.

Pertenece a distintos momentos temporales.

Su presencia desafía las leyes de la realidad.

Poco a poco comprendemos que el verdadero conflicto de la película no consiste en encontrar a Jennie.

Consiste en intentar retenerla.

Desde la perspectiva del Atlas de Geometrías Desplazadas, el plano elegido revela exactamente esa tensión.

El pintor aparece a la derecha del encuadre.

Jennie ocupa el centro visual.

Y a la izquierda aparece su representación pictórica.

La imagen contiene simultáneamente tres estados de una misma presencia:

  • La mujer.
  • La mirada que intenta comprenderla.
  • La imagen que intenta conservarla.

La espiral áurea no culmina en un rostro.

Tampoco en el cuadro.

Se detiene en el intervalo que separa ambas figuras.

Por eso esta lámina recibe el nombre de Geometría de lo inaprensible.

Porque la composición no organiza un objeto.

Organiza una ausencia futura.

La armonía permanece.

Lo que desaparece es la posibilidad de fijar aquello que aparece.

Ley de la sección

Todo intento de conservar una aparición transforma la aparición en recuerdo.

Fórmula de lo inaprensible

I = D / P

Donde:

  • I = Inaprensibilidad
  • D = Distancia temporal
  • P = Presencia visible

Cuando la presencia aumenta pero la distancia temporal permanece, la figura se vuelve más inaprensible.

Cuanto más cerca parece estar Jennie, más imposible resulta conservarla.

Voz de Jennie

No me busques donde me viste ayer.

Yo no vivo en los lugares.

Vivo en los momentos.

Cada vez que vuelves a encontrarme soy otra.

Y, sin embargo, sigo siendo yo.

Tú crees que me persigues.

Pero es el tiempo quien nos persigue a nosotros.

Te observo pintar mi rostro.

Intentas salvar algo.

Una mirada.

Un gesto.

Un instante.

Y quisiera decirte que no hace falta.

Porque nada de lo que amas desaparece realmente.

Solo cambia de lugar.

Quizá por eso nunca consigues alcanzarme.

Porque no estoy delante de ti.

Estoy un poco más adelante.

Allí donde el recuerdo todavía no ha sucedido.

William Dieterle y el fantasma del tiempo

Dieterle comprendió que el cine podía mostrar aquello que la realidad no puede retener.

Por eso El retrato de Jennie no habla únicamente del amor.

Habla de la memoria.

De la fugacidad.

Del deseo humano de conservar aquello que inevitablemente cambia.

La película convierte el tiempo en personaje y transforma la ausencia en materia cinematográfica.

Setenta años después, sigue siendo una de las obras más hermosas jamás filmadas sobre la imposibilidad de detener el paso de la vida.

La armonía permanece.

Lo que desaparece es la posibilidad de fijar aquello que aparece.

Laura Muñoz Liaño
Atlas de Geometrías Desplazadas


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