Las margaritas (Sedmikrásky, 1966) — Věra Chytilová
"Si el mundo se ha echado a perder, echémonos nosotras también a perder."
Pocas películas han capturado con tanta libertad, irreverencia y lucidez el espíritu de la desobediencia como Las margaritas, la obra maestra de la directora checa Věra Chytilová.
Estrenada en 1966, en los años previos a la Primavera de Praga, la película fue considerada escandalosa por las autoridades comunistas checoslovacas. No por contener discursos políticos explícitos, sino por algo mucho más peligroso: cuestionaba el orden mismo de las cosas.
Chytilová entendió que el poder no siempre se manifiesta mediante la violencia visible. A veces se esconde en las normas cotidianas, en los comportamientos aceptados, en los papeles asignados a las mujeres, en la obligación de ser agradables, discretas y obedientes.
Por eso creó a sus dos protagonistas, conocidas simplemente como María I y María II.
No son heroínas clásicas.
No son víctimas.
No buscan integrarse.
No buscan gustar.
No quieren reformar el sistema.
Quieren jugar con él hasta que revele su absurdo.
Las dos Marías se comportan como si hubieran descubierto un secreto: que las reglas ya estaban rotas antes de que ellas decidieran romperlas.
La película comienza con una frase que resume toda su filosofía:
"Si el mundo se ha echado a perder, echémonos nosotras también a perder."
No es una declaración nihilista.
Es una declaración de coherencia.
Si la sociedad se sostiene sobre la hipocresía, la desigualdad y la obediencia ciega, entonces la desobediencia deja de ser un problema moral y se convierte en una forma de verdad.
A través del humor, el exceso, la repetición, el collage visual y la destrucción festiva, Chytilová construye una de las obras más radicales de la historia del cine feminista.
Las dos Marías comen, ríen, engañan, exageran, juegan y sabotean todo aquello que parece intocable. Su comportamiento infantil es en realidad profundamente político: se niegan a participar en el juego serio del poder.
Lo más fascinante es que nunca ofrecen una alternativa.
No presentan un programa.
No proponen una solución.
Simplemente exponen la fragilidad de las estructuras que las rodean.
Por eso Las margaritas sigue siendo una película moderna. Porque entiende que el humor puede ser una forma de resistencia y que la alegría puede convertirse en un acto revolucionario.
Más de medio siglo después, la pregunta sigue vigente:
Si el mundo está roto, ¿qué significa comportarse correctamente dentro de él?
Quizá la respuesta de Chytilová sea tan sencilla como incómoda:
A veces la primera forma de libertad consiste en dejar de obedecer.
— María, ¿crees que nos estamos portando mal?
— Claro.
— ¿Y eso es grave?
— Depende.
— ¿De qué?
— De quién escribió las normas.
— ¿Y si las normas son absurdas?
— Entonces romperlas es una forma de educación.
— ¿Y si el mundo se ha echado a perder?
— Pues echémonos nosotras también.
— ¿Y después?
— Después bailamos sobre las ruinas.
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