AMANECE, QUE NO ES POCO · GEOMETRÍA DEL MILAGRO CON EXPEDIENTE Atlas III · Geometrías de la Resistencia · Lámina cómica en tríptico (numeración pendiente) José Luis Cuerda, 1989

    Tríptico · Fase 1 Siembra (previa solicitud) · Fase 2 Germinación (céntrica) · Fase 3 Floración       (atiende visitas) · Resonancia campal 0,297 → 0,295 → 0,373: el ciclo migra del centro al oro.

La película

Teodoro, profesor en Oklahoma, disfruta de un año sabático y vuelve a España a recorrer mundo con su padre en una moto con sidecar. El mundo resulta ser un pueblo de la sierra manchega donde todo lo imposible está perfectamente organizado: los hombres brotan de la tierra como hortalizas, el cargo de alcalde — y el de cura, y otros que no citaremos sin sonrojo — se renueva por elecciones, en la iglesia se canta con entusiasmo americano y William Faulkner se venera con más fervor que varios santos titulares. Nadie se asombra de nada, porque asombrarse sería de mala educación. Cuerda rodó la utopía definitiva: un país donde lo absurdo tiene ventanilla, horario de atención y silla para esperar.

La película fue un fracaso comercial en 1989. Luego España entera se la aprendió de memoria, que es lo que hace este país con las cosas que ama: primero no ir a verlas y después no dejar de citarlas.

La fórmula, explicada en ventanilla

Esta lámina es un tríptico porque el pueblo nos ha dado tres fotogramas del mismo vecino: el ciclo vegetativo completo del varón manchego. Fase 1, Siembra: un padre anciano espera sentado junto a la regadera a que su hijo lo plante, previa solicitud. Fase 2, Germinación: un hombre brota entre las acelgas, de momento solo la cabeza. Fase 3, Floración: el mismo brote, ya con traje y corbata, atiende visitas sin salir del alcorque. Sobre las tres imágenes hemos desplegado el instrumental del Atlas debidamente adaptado al terreno:

La Retícula Agrícola. Las líneas áureas de siempre (0,382 y 0,618), pero con marcas de arado: aquí no son ejes de composición, son surcos. La proporción áurea llevaba veinticinco siglos esperando a que alguien la usara para lo que de verdad sirve: plantar señores a la distancia correcta.

La Espiral de Riego. Nuestra espiral logarítmica de toda la serie, r = r₀·e^(−b·θ), naciendo donde debe: en la regadera. Riega al padre en cuartos de vuelta exactos — cada vuelta 1,618 veces más cerrada, como mandan Dios y Fibonacci — con el caudal declarado en la unidad oficial del municipio: 1 Faulkner. No preguntes cuánto es un Faulkner. En el pueblo nadie lo pregunta.

La Resonancia Asamblearia. En las láminas anteriores la resonancia se calculaba. Aquí se calcula y luego se vota, porque en este pueblo hasta la matemática pasa por el pleno. Cada punto medido del fotograma emite su puntuación a mano alzada y el resultado se proclama en acta. Y aquí viene el primer hallazgo serio disfrazado de chiste: en las tres fases, la votación sale aprobada por unanimidad con exactamente un voto en contra. En la Siembra discrepa la regadera (0,144). En la Germinación, una remolacha escolta (0,207). En la Floración, el hombro de la visita (0,190). No lo hemos colocado nosotros: son los puntos fríos reales de cada campo. Tres fotogramas, tres díscolos, ni uno más ni uno menos. Como es natural. Un pueblo sin un voto en contra sería una secta; con dos, una tertulia.

El hallazgo mayor: el ciclo migra del centro al oro. Esto es lo que la medición honesta ha sacado a la luz, y es tan bueno que parece guionizado:

El padre (aún sin plantar) espera a 48 píxeles del punto áureo, con una resonancia de 0,820. Está en lista de espera del oro. Con la documentación en regla. El brote emerge con el ojo a 3 píxeles del centro geométrico exacto del encuadre — (0,502; 0,500), un error del 0,2%, precisión de agrimensor colegiado. Pero a 175 píxeles del oro: expediente en trámite. El florecido alcanza una resonancia de 0,988 — la más alta jamás medida en este Atlas — a 37 píxeles del punto áureo. Oro adjudicado. Enhorabuena al interesado.

Cuerda compuso la germinación humana como un procedimiento administrativo que se resuelve favorablemente. Nadie brota en el oro directamente, faltaría más: se brota en el centro, como es debido, se espera el plazo reglamentario, y el oro se concede con la madurez. En Idiocracia vimos lo que pasa cuando los instrumentos dejan de distinguir. Aquí es lo contrario: un mundo donde hasta el milagro respeta el registro de entrada.

Voz ficcionada · El hombre plantado (con bando de apertura)

BANDO. De orden del señor alcalde se hace saber: que habiéndose personado en el término municipal una cátedra salvaje con retícula, espiral y demás aparataje, se autoriza la medición del vecindario brotado, en horario compatible con el riego. Lo que se comunica para general conocimiento y para que la remolacha de la parcela tres vaya deponiendo su actitud.

Muchas gracias, señor alcalde. Hablo yo ahora, desde el alcorque, si no es molestia.

Quiero que conste en acta mi satisfacción. Dice la señora de la cátedra que he brotado a tres píxeles del centro exacto del encuadre. Tres píxeles. Mi cuñado brotó el año pasado a once, y en la familia todavía se habla de aquello como de una heroicidad. Yo no quiero presumir, que presumir en público está feo y además puntúa mal, pero un error del cero coma dos por ciento no lo saca cualquiera. Eso es venir bien sembrado. Eso es una tierra con fundamento y un padre que apisonó como Dios manda.

Del oro, qué quieren que les diga. Todavía no me corresponde. El oro es para los florecidos, como mi vecino de la parcela cinco, que ya atiende visitas en traje y ha dado cero coma novecientos ochenta y ocho, que se dice pronto. Yo, de momento, centro y a esperar. Que el que brota en el oro sin pasar por el centro luego da hombres torcidos, eso lo sabe aquí todo el mundo, y si no lo sabe, se somete a votación y se sabe.

De la remolacha prefiero no hablar. Votó en contra de mi resonancia, como votó en contra la regadera en tiempos de mi padre y como votará en contra el hombro de alguna visita cuando yo florezca. Siempre hay uno que vota en contra. Y hace bien, porque el día que salgamos todos a favor, esto ya no es un pueblo: es un anuncio.

Solo pido una cosa a la cátedra: que el caudal de la espiral no baje de un Faulkner. Que luego vienen las prisas, se riega en Hemingways, y así sale la prosa que sale.

Aforismo del plantado: «Brotar en el centro no es falta de ambición. Es urbanismo.»

Contexto actual: un absurdo con papeles en regla

Aquí la reflexión, y la damos sin tecnicismos porque el alcalde nos ha pedido que se entienda: Amanece, que no es poco nos hace más falta hoy que en 1989, y no por nostalgia — por contraste técnico.

Miren el mecanismo del pueblo de Cuerda: pasa lo imposible y nadie grita. Un hombre brota del huerto y la respuesta del vecindario no es el pánico ni el vídeo en vertical: es preguntarle qué tal y recordarle el turno de riego. Todo lo extraordinario está administrado — con asambleas, con bandos, con un voto en contra reglamentario que nadie intenta suprimir. El pueblo entero funciona como una lógica difusa bien calibrada: acepta grados, tolera lo raro, y no por eso deja de distinguir. Es la diferencia exacta con Idiocracia: allí los aparatos seguían encendidos pero ya no distinguían nada; aquí distinguen tanto que hasta el milagro tiene expediente.

Y ahora miren nuestra ventanilla de 2026. Tenemos el fenómeno inverso al del pueblo: nos escandalizamos de lo normal y tramitamos con desgana lo extraordinario. La asamblea se ha mudado a la sección de comentarios y ha perdido los modales por el camino: ya no hay un voto en contra, como es natural — hay mil, como es el algoritmo, y ninguno se levanta a explicarse a la plaza. Mientras tanto, los pueblos reales de esa sierra se vacían: media España interior es hoy un huerto donde ya no brota nadie, con la regadera puesta y el surco hecho. Nos sobran hectáreas de punto áureo y nos falta quien solicite la siembra.

¿La moraleja? El pueblo de Cuerda vota todo, discrepa poco a poco y con educación, venera a un novelista difícil sin haberlo entendido del todo — que es la forma más honrada de veneración — y le da a cada imposible su procedimiento. Eso no es surrealismo: es convivencia de alta precisión. El absurdo con expediente es más habitable que la razón sin vecinos. Que se lo digan al que brotó a tres píxeles del centro: en cualquier otro sitio sería un monstruo; aquí es un vecino puntual.

La resistencia, en esta lámina, es de las que se firman en ventanilla: mantener la asamblea, mantener el voto en contra, mantener el caudal en Faulkners. Y no dejar que se pierda el turno de riego, que después todo son lamentos.

Ley de la lámina: Todo pueblo que le pone ventanilla al milagro lo conserva. Todo pueblo que le pone vitrina, lo pierde. Y siempre ha de haber uno que vote en contra, como es natural.

Tres fotogramas de Amanece, que no es poco medidos con retícula agrícola, espiral de riego (caudal: 1 Faulkner) y resonancia asamblearia: el ciclo vegetativo del varón manchego migra del centro exacto (error: 3 píxeles) al punto áureo (0,988, la resonancia más alta del Atlas). Aprobado por unanimidad con un voto en contra en cada fase — la regadera, una remolacha, el hombro de una visita —, como es natural.

El hombre plantado (parcela 3) · con bando del Sr. Alcalde · visto bueno de la Asamblea · Atlas III · Laura Muñoz Liaño

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